Diversas lecturas se pueden hacer de las elecciones del pasado domingo en nuestro vecino Perú. Luego de un segundo exitoso mandato del otrora socialista Alan García, se demuestra nuevamente, que en el vecino país, a sus ciudadanos, les gusta el cambio: de presidente, de estrategia, de ideología etc.

Un poco folclóricamente el nobel Mario Vargas Llosa -sin duda un estadista de gran calado- advirtió antes de las elecciones, que el pueblo iba escoger entre el sida y el cáncer, puesto que los que punteaban en las encuestas eran Keiko Fujimori -hija del ex-mandatario encarcelado Alberto Fujimori- congresista brillante y mujer destacadísima en materia de formación académica, y el ex coronel golpista, socialista, chavista -aunque ahora quiera desmarcarse del nuevo mejor amigo de Juan Manuel Santos- neo lulista y amigo del modelo brasilero, Ollanta Humala.

Claramente se pudo evidenciar el enorme racismo y clasismo que aun existe en el Perú, donde la Lima blanca votó por el candidato de las oligarquías, Pedro Pablo Kuszinsky, y el resto del país, el cholo, el humilde y pobre, votó por Ollanta o Keiko.

Y es que Perú, hermosísimo país donde tengo amigos entrañables, cuya cultura es milenaria, y es el único país que viene creciendo a nivel mundial a pesar de la crisis, la brecha entre los blancos, que es la clase dirigente y el pueblo, los despectivamente llamados cholos, es abismal. Y es una cuestión cultural que abate a casi toda América Latina.

El resultado de esas diferencias marcadas, es la alta votación de Ollanta y de Keiko.

A Keiko le tienen miedo por ser hija de Alberto Fujimori, piensan que, puede indultarlo, o lo que es peor, que el gobierne de nuevo, en la sombra. Se equivocan los que piensan esto. Keiko demostró en las legislaturas que es no solamente muy brillante y preparada, sino que tiene mucho carácter. Es jovial, simpática, de fácil hablar, y cae bien. Además tiene una propuesta mucho más aterrizada para las circunstancias actuales del Perú, cosa que Ollanta no tiene.

Y es que el país de los Incas no se puede dar el lujo de retroceder en el modelo económico que deja Alan García. Es más factible adaptarlo a las necesidades del pueblo, bastante pobre hoy día, que embarcarse en la locura del socialismo del siglo XXI.

Ollanta en cambio, es todo lo contrario, es un émulo de Chávez, populista, demagogo, que ha hecho las mismas promesas de estabilidad democrática que hizo Hugo Rafael hace más de una década, y podría llevar a una dictadura populachera costreñidora de la libertad de prensa y de expresión, en detrimento de los capitales extranjeros que propician empleos a los pobres. No a los ricos, los ricos en las primeras de cambio, si ven amenazados sus capitales, salen a Miami o a Bogotá, el perjudicado es el pueblo, como pasa hoy día en la querida Venezuela, donde pasa hambre.

No podemos caer en el jueguito de los "demócratas", sino veamos como están Venezuela, Ecuador, Bolivia y NIcaragua, que le siguen el jueguito al chafarote vecino. No queremos eso para nuestros hermanos peruanos, quienes han demostrado hasta la saciedad ser aliados de Colombia en esta lucha casi solitaria -y al parecer olvidada por Santos- contra la narcoguerrilla.

Por eso desde mi opinión de opinador -valga la redundancia- me parece que los peruanos juiciosamente, y los perdedores del domingo -PPK, el ex presidente Toledo y Luis Castañeda- deberían todos a una hacer un gran pacto de salvación nacional y apoyara a Keiko Fujimori, que muy seguramente no defraudará a los electores.

Y para finalizar, la idea de un amigo casado con distinguida dama limeña , que Keiko llame a Vargas Llosa y le proponga un pacto por la democracia, que incluso se don Mario el que lo escriba, y que juntos se propongan seguir sacando adelante a ese gran Perú! Recordemos que hace años, cuando algo era muy valioso se decía: Eso vale un Perú! Y para mi, que quiero tanto a esa tierra, Perú vale mil Perús!