Ser o no ser, dijo alguna vez Shakespeare, y esto si que puede ser un motivo de dilema para muchas personas. Como director de una ONG que propende por el desarrollo de alternativas para prevenir y luchar contra las adicciones, me doy cuenta que la mayoría de veces el adicto consume por aburrimiento, por no enterarse de quien es, por no saber para donde va y por no perdonarse.

Aunque las adicciones hace años ya son catalogadas como enfermedades por la Organización Mundial de la Salud y la FDA de los EE.UU, y yo en mi humilde opinión dada mi experiencia creo que es una enfermedad del alma, la sociedad en general no tolera a los adictos y los ve como simples viciosos que no tiene "fuerza" de voluntad para dejar sus malos hábitos.

Sabemos ante todo que el adicto que quiere entrar en el camino de la recuperación no necesita para nada la "fuerza" de voluntad, sino la BUENA voluntad y el deseo real de dejar la bebida y las drogas, sin que esto sea suficiente todavía para alejarse de la enfermedad.

La mejor solución encontrada hasta ahora es seguir el método de los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, recopilados también después por Narcóticos Anónimos, una buena disposición para asistir regularmente a los grupos y sabiendo que muchas veces se necesita psicoterapia.

Mi amigo y colega en la junta de la Corporación Proyecto ECLÉCTICA, el médico psiquiatra Mario Parra, se ha especializado en ese tipo de "problemas" y tiene a su cargo varios pacientes que trata en su consultorio exitósamente con psicoterapia, y sabe que los caminos hacía la recuperación son tortuosos por todo lo que para el adicto conlleva dejar de consumir.

Generalmente el consumo se da por la necesidad del enfermo adicto de evadirse de la realidad, como paliativo para lo que considera en su vida como un fracaso. Lo que se da cuenta -tardíamente muchas veces- es que eso se convierte en un espiral sin retorno que lo lleva a consumir cada día más y más, tratando de buscar el beneficio de aquellas primeras veces de drogarse o de beber. Que ironía, al final solo es un pequeño paliativo que lo leva a consumir más y más.

El consumo aleja al enfermo de la familia y la sociedad, muchas veces con justa causa por lo que ha conllevado el sufrirlo -los familiares al adicto- porque como cada vez necesita una dosis mayor para su satisfacción, muchas veces lo lleva a robar y hasta a delinquir.

Ni la familia ni la sociedad entienden la enfermedad, la familia muchas veces paga tratamientos costosísimos para que le "curen" a su pariente, olvidándose que ella también necesita ayuda por lo que llamamos codependencia del adicto, situación que se produce por el intenso dolor que le causa su consumo, y por la dependencia permanente insana de saber como se encuentra. Una vez el paciente sale del tratamiento y empieza su recuperación, sienten el vacio que deja la etapa más positiva, cual es la de la asistencia consuetudinaria a los grupos y el NO CONSUMO.

Creen así mismo que deben controlarle la vida aun, y se equivocan, así como al principio necesita un permanente acompañamiento, el adicto necesita independencia para que siendo y sintiéndose útil, salga adelante.

Todavía hay mucho por hacer en Colombia en esta materia, muchos creen que el remedio esta en penalizar el consumo y la dosis personal, sabiendo que lo primero que tenemos que hacer es concientizar a las autoridades de las características de la enfermedad.

Claramente ni la policía ni los jueces tienen conocimiento real de estas patologías, y tienden a criminalizar como si esa fuera la solución. Y que decir de los políticos que solo van al vaivén de los votos.

De todas formas mantenemos la esperanza en que haya unas políticas reales y científicas encaminadas al tratamiento de las adicciones al alcohol y las drogas, y desde ECLÉCTICA propenderemos por esto.

Así podremos decir que esa insoportable levedad del ser que siente el enfermo adicto, cada vez tiene más soluciones reales, y no meramente formales dentro de una política criminal injusta y totalmente ignorante del tema.