Aunque es muy pronto para entrar a criticar de fondo el gobierno del presidente Juan Manuel Santos -por el que voté- y en principio creo que hace bien desligándose del gobierno anterior, y así mismo ha dado claros mensajes de ejcutividad en su gabinete y estilo para gobernar, me queda cierto sinsabor al ver los nombres de algunos de sus colaboradores más cercanos y de los colaboradores de sus ministros.
Nunca he creido que los pecados de los padres sean heredados por los hijos, ni que ellos tengan que pagar por los delitos que hubiesen podido cometer sus progenitores, pero tampoco tiene mérito alguno el ser "hijo de" para acceder a cargos de inmensa responsabilidad política y gubernamental.
No necesariamente per se son malos nombramientos, sino que dejan una mala impresión, que sean los hijos -me recuerda como llamaba Klim a los hijos de López Michelsen, los hijos del ejecutivo, por los múltiples aprovechamientos que hicieron del cargo de su padre para beneficio personal- de ex ministros, ex senadores, ex congreistas, ex embajadores, los que SIEMPRE sean los únicos "capaces" para ejercer dichos cargos.
Puede que lo sean, puesto que por ser hijos -o sobrinos o hermanos- de quienes son, han podido acceder a becas, estudios en las mejores universidades, pasantías en las mejores empresas u organismos multilaterales, pero hay mucha gente, educada en pre y postgrado en Colombia con las mismas capacidades -o a lo mejor más por su necesidad de lucharla día a día para poderse formar- que pudieran hacer un trabajo honroso, decoroso y eficiente.
En anteriores gobiernos en algunos cargos si se aplicaba la meritocracia, nadie puede decir que ex superintendentes como Cesar Prado o Gustavo Valbuena fueran hijos de alguien de la plutocracia, eran funcionarios probos y honestos que fueron nombrados por sus propios méritos. Y así en otros viceministerios, e incluso ministerios.
Aristóteles decía que uno gobierna con sus amigos, pero esos amigos pueden ser personas que tengan el merito propio por sus logros académicos, no por ser "hijos de", como pasa con el hijo del finado senador Luis Guillermo Vélez -homónimo de su padre- ahora superintendente, o el hijo del ex vicepresidente De La Calle, tambien superinetendente, y un hijo del expresidente Samper, asesor del ministro del interior que es igualmente, nieto de expresidente.
Así, mientras se nombren -repito a lo mejor honestos funcionarios- a los mismos de siempre, este país no va a tener la capacidad de pensamiento macro para conocer y resolver los reales problemas de la sociedad colombiana, que es sobradamente probado, no se entiende ni en los clubes ni en los cocteles capitalinos, sino en provincia, donde la vida es a otro precio.

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