Esos son aquellos columnistas, que posando de vedettes, de primas donnas, de ùltima palabra despuès del Padrenuestro, se ceban contra el presidente de la repùblica y sus màs cercanos colaboradores.
Expelen odio sus plumas, llenas de rencor y de quien sabe que màs pecados capitales. Lo hacen sin razòn la gran mayorìa de las veces, pero como al pastorcito mentiroso cuando cuentan algo cierto no se les cree, y cuando alguna acciòn del gobierno descolla, pasan de agache.
Leer a personajillos como Coronell, Marìa Jimena Duzàn, Zuleta Lleras -que no heredò nada de su abuelo Alberto Lleras, excepto el apellido- y otros tantos como Cepeda el hijo de las farc, produce asco.
Y no es porque haya que alabar todas las acciones del gobierno, sino que el periodista debe ser objetivo. Siempre ha habido columnistas opositores, lo fue Artunduaga en el gobierno de Andrès Pastrana, pero era evidente que era ponderado, asì nunca me hayan gustado sus posturas; o Antonio Caballero, que con su privilegiada pluma se ha ido lanza en ristre contra tirios y toyanos; o el ya poco recordado Klim, que llamaba al expresidente Lòpez Michelsen el compañero jefe si mal no recuerdo, y le criticaba permanentemente en sus columnas.
O Lorenzo Madrigal -verbigracia Hèctor Osuna- o Vladdo, o tantos otros que no destilan odio sino critican lo que tienen que criticar. Yo recuerdo al finado Juan Diego Jaramillo en sus estupendas columnas contra Cèsar Gaviria, el particularmente decìa que nunca elogiaba al gobierno porque para eso tenìa la propaganda estatal, o Pablo Victoria cuando criticaba al expresidente Samper, en fin, muchos que sin ser àulicos del règimen no destilaban ese perverso odio de los columnistas atràs citados.
Benevolente esta democracia definitivamente al permitirles a estos pseudo periodistas expresar su resentimiento permanente contra el gobierno. Bienaventurados ellos que no tienen a un tiranuelo como Chàvez que les habrìa metido a la càrcel, sino a un demòcrata como el presidente Uribe

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