"Somos como briznas de viento en las manos de Dios"

Laureano Gòmez.

Oportunamente el padre Alfonso Llano Escobar, SJ, abordò el domingo pasado en su ya tradicional columna "Un alto en el camino" que publica el diario EL TIEMPO, el escàndalo que los medios de comunicaciòn mundiales han hecho sobre las declaraciones de Su Santidad Benedicto XVI sobre el infierno en su homilìa del mièrcoles de ceniza pasado.

Tratan de poner en contradicciòn al romano pontìfice con su antecesor, Juan Pablo II, El Grande, argumentando que èste habìa acabado con la idea del infierno. Jamàs dijo eso, Juan Pablo II, esgrimiò, actualizando el concepto a la realidad racional de este siglo, que no era un lugar fìsico, como lo pintò Dorè basado en la Divina Comedia de Dante; sino un estado del alma.

Y Benedicto XVI lo que ha acotado, es que contrario a las nuevas corrientes facilìstas y neocristianas -que poseen algo de esoterismo- que hablan de un Dios padre totalmente alcahueta, la Iglesia, fiel a la tradiciòn, al Evangelio y la Palabra, sustentada por siglos de estudios juiciosos, cree en la existencia de ese infierno, de esa no precencia del Creador en la eternidad, y la consecuente desesperaciòn del alma, cuando un hombre no ha tenido el mìnimo desprendimiento de su persona, volvièndose egoista e incapaz de amar a su pròjimo.

Yo no entro en detalles, pues no soy teòlogo, y no sè realmente sustentar esas tesis, pero entiendo claramente que la misericordia Divina esta vedada para aquellos que no responden aunque sea en un porcentaje ìnfimo al Amor prodigado por el Padre.

Y es que los medios son felices fustigando al actual Papa, porque no tiene el mismo carisma del anterior, pero no se han detenido a escuchar su mensaje esperanzador con la juventud, su dulzura al referirse de nuestro Señor, y la profundidad intelectual que ya lo caracterizò cuando era prefecto para la Congregaciòn de la Doctrina de la Fe.

Y es que el Papa es el sucesor de Pedro, nos simpatice o no, y es el vice Cristo, luego tiene las llaves del Reino. Y aunque suene esto un poco reaccionario, lo que es menester dar hincapie, es que durante dos siglos han exigido de la Iglesia y su grey tolerancia a las demàs formas de pensamiento, y libertad en las manifestaciones vitales de cada uno como individuo; y ha necesario que es, incluso separando totalmente la Iglesia del Estado, e incluso legislando para todos, en cuanto a los derechos civiles, sin importar sino coincide con el pensamiento episcopal. Pero a los catòlicos y a esa Iglesia a la cual se le pide tolerancia, se le tolera poco, por no decir que nada.

La doctrina de la Iglesia es para sus fieles, quienes no lo sean, o quienes sièndolo no quieran seguirla estàn en libertad: "In libertatem gloriae filiorum Dei" solìa decir San Josemarìa: En la libertad y la gloria de los hijos de Dios, porque ante todo tenemos libre albedrìo; pero lo que no puede pasar es que desde afuera se le tiren piedras, como si fuera legislaciòn de estricto cumplimiento para todos.

Mucho mejor que yo lo explicò el padre Llano en su columna, y que conste que el no es propiamente el representante de la ortodoxia de Roma, sino un intelectual que muchas veces ha tenido jalòn de orejas de sus superiores por expresar ideas no muy fieles a la doctrina.

Por eso, el infierno existe, como estado del alma, al menos para los que creemos en el Dios misericordioso al que me enseñaron a rezar mis padres, al que le agradezco cada dìa por vivirlo, y cada noche por procurar serle fiel.